Miles de personas acuden a dar el último adiós a doña Dedé Mirabal en Salcedo

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SALCEDO. Los restos de Bélgica Adela Mirabal (doña Dedé), fallecida a los 88 años, fueron sepultados ayer al caer la tarde en el cementerio viejo de aquí ubicado en la calle Padre Billini número 47, con la presencia de miles de personas, sus familiares e inclusive muchas personas que viajaron del exterior para participar en el acto fúnebre.

Antes del entierro, fue oficiada una misa de cuerpo presente en el club Hermanas Mirabal de la comunidad de Ojo de Agua, tierra donde nació doña Dedé, y en la cual el obispo de La Vega, monseñor Antonio Camilo definió a la fallecida como una gran servidora hacia los demás.

«Bélgica Adela (doña Dedé) murió, no como mártir, pero nos dejó un gran legado que fue el amor, la solidaridad, el servicio hacia los demás siempre con una sonrisa en los labios, y venciendo todos los obstáculos y sacrificios que le pusieron siempre en el camino sus adversarios», subrayó monseñor Antonio Camilo.

Dijo que doña Dedé significó sacrificios por los demás, entrega total como madre y gran fidelidad en el matrimonio y madre no solo de sus hijos biológicos, sino madre de los hijos de sus hermanas.

Camilo manifestó que con la muerte de doña Dedé se apagó una luz en la tierra, pero en el cielo se enciende una antorcha, la cual iluminará a sus seres queridos y amigos que quedan aquí.

Posteriormente, la sobrina de doña Dedé, Minou Tavárez leyó una carta donde resalta la valentía y arrojo que tuvo su tía para enfrentar la férrea tiranía de Trujillo luego del asesinato de sus hermanas.

Luego, el artista Claudio Cohén interpretó dos canciones en homenaje a la fenecida.

Cientos de estudiantes desfilaron ante el féretro de doña Dedé.

En el cementerio, fueron cantadas canciones religiosas, entre ellas «paz en medio de la tormenta y cuando Jesús me miró».

Al paso del funeral por las calles de Salcedo, cientos de personas salieron a testimoniar sus afectos con fotografías de la difunta.

En la misa, además, estuvieron presentes el obispo de Salcedo, monseñor Freddy González; el obispo de San Francisco de Macorís, Fausto Mejía y el obispo emérito de San Francisco de Macorís, monseñor Jesús María de Jesús Moya, quien, recordando el bautizo de doña Dedé, roció su cadáver con agua bendita.

A los asistentes se les brindó refrigerio, y agentes de la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) acompañaron el cortejo hasta el cementerio, para evitar inconvenientes en el tránsito vehicular.

 

 

Publicado por Juan Jose Ureña Breton

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