Al cardenal, Trujillo también se le ha “montao”

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«El nacionalismo es el racismo de los intelectuales, y el racismo es el nacionalismo de las masas». Zygmunt Bauman

 

“Es absolutamente justa la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) de la República Dominicana que establece: no son dominicanos los hijos de inmigrantes ilegales o en tránsito nacidos en este país.”

“Los cuestionamientos de esos organismos internacionales son parte de una campaña pagada por esos ‘canallas de fuera’, para contradecir la decisión del TC”.

“Aquí mandan los dominicanos, no manda nadie más”.

Los juicios anteriores y otros fueron emitidos por cardenal Nicolás López Rodríguez en torno a la sentencia 0168/13 del TC, que regula la definición de la nacionalidad dominicana.

En estos acontecimientos debo señalar, que esa soberanía que invoca el cardenal, nunca la invocó cuando el desviado Leonel Fernández enajenó y comprometió la soberanía de la Republica con el contrato-estafa firmado a la Barrick Gold que roba nuestro oro y destruye nuestro Medio Ambiente, ni cuando vendió a poderes foráneos nuestras empresas estratégicas por precios viles, ni  cuando hipotecó el país con préstamos alegres e innecesarios, ni cuando eliminó de la constitución la ley que prohibía vender a los extranjeros nuestro sagrado territorio,

¡Pero qué cosa tiene la vida!; al nacionalismo del cardenal le importa un bledo la intromisión y dominio que sobre nuestro país en todos sus aspectos, ejerce El Vaticano en confabulación con los esquilmadores norteamericanos, europeos y canadienses. Hablo de un Estado extranjero, cuya injerencia en nuestros asuntos internos, vía el Concordato, es algo más que grosera y abusiva.

También son del  cardenal, los pronunciamientos transcritos más abajo contra los periodistas que informaron sobre las acciones de los pederastas, violadores y seductores: nuncio Josef Wesolowski, padre polaco Wojcieh (padre Alberto Gil), y Juan Manuel Mota de Jesús (Padre Johnny).

“Son unos perversos los comunicadores que se dedican a atacar a la iglesia Católica, quienes tarde o temprano ‘tendrán que dar cuentas ante Dios’”.

“Estos comunicadores son gente que no tienen escrúpulos para calumniar; son viles, que tienen clavada una espina en su corazón»

“Estos comunicadores reciben millones de euros y dólares para desprestigiar y destruir a la Iglesia católica» (fin de las citas).

Pues bien…, es de conocimiento público, que monseñor dispensa el trato de chusma a la gente pobre y que es un hombre temperamental, conflictivo, engreído, despótico, soberbio, clasista, narcisista, sibarita, dado al insulto, al enojo y a la intolerancia.

Visto los pronunciamientos y juicios anteriores, con los cuales podemos tener una idea del perfil psicológico e ideológico de “nuestro cardenal”, pasemos a la ponderación del criterio que tiene él de la Sentencia 0168/13 del Tribunal Constitucional.

En una entrega anterior, escribí en torno a la vida en los bateyes que llevan los haitianos, dominicanos, y dominicos haitianos lo siguiente:

“Conozco esta historia al dedillo.  Conocí muy de cerca la vida de los bateyes. Sé de las penurias de los haitianos, de los dominicanos, y de los dominicos haitianos en las  barracas.  En mi mente tengo intactas las imágenes de las miserias e inhumanidades que en los bateyes vi y viví, al grado, de que si Marrero Aristy no hubiese escrito su novela Over, yo la hubiese escrito.  Este conocimiento me da muchas ventajas para hablar con propiedad y justicia sobre este tema, frente a los que como López Rodríguez, de esa miseria no sabe nada, porque no la han vivido, o porque en su burguesa indolencia y falta de sensibilidad, la ignoran por completo” (termina aquí la cita).

Pero esta historia de indolencias de religiosos fundamentalistas y de políticos y empresarios sin entrañas, frente a la esclavitud y al dolor humano que ella acarrea, no es nueva.  Miles de misioneros apoyaron las crueldades que se dieron contra los nativos americanos y negros, en la llamada “cristianización” de América. Recordemos, que bajo el látigo de los llamados colonizadores cristianos, fueron muertos más de 75 millones de personas y desaparecidas etnias enteras.  Aquello fue un verdadero genocidio apoyado por “misioneros” que instaban a aquellos infelices a llevar su cruz con resignación, para que a cambio, ganaran el reino de los cielos.

Hoy, su “excelencia” Nicolás López Rodríguez, no es diferente de aquellos conquistadores y misioneros en su trato a los pobres.  Así vemos como él ha negado reiteradamente que los braceros haitianos, dominicanos y dominicos haitianos, sean explotados y tratados como esclavos en los campos de caña de la República Dominicana.  Aferrado a esa idea, él ha negado en todo tiempo, el contenido de esa explotación inhumana, expuesta en el documental El Precio del Azúcar, donde el sacerdote español Christopher Hartley Sartorius documenta de manera incontrastable la cruel realidad de esa situación.

http://www.youtube.com/watch?v=tp_EkCesIp8

Para su “eminencia”, todo el contenido de ese documental es una grosera y gran mentira, una conspiración de potencias extranjeras y malos dominicanos que han optado con desacreditar al país en los foros internacionales para hacerle daño.

Hemos visto, cómo este monseñor y su iglesia han optado por tapar o ignorar la pederastia tan común en esa mole de poder, tan solo para no dañar el prestigio de esa institución.  De igual manera, ha negado la esclavitud en los bateyes, con su salvaje explotación, denunciada en el documental aludido, y en varios libros y reportajes periodísticos; y lo hace para proteger a los ricos y poderosos colonos azucareros en detrimento de los pobres, que han dejado y aún dejan sus vidas en esos cañaverales para hacer ricos a prominentes miembros de la casta, que por siglos, junto a la iglesia católica, han procurado mantener unos modelos políticos y religiosos, en los que ellos, dueños y señores, hacen lo que le da las ganas con la vida de la gente y las riquezas creadas y los recursos naturales del país.

Para monseñor no es verdad la explotación laboral denunciada con salarios que sólo dan para comer arroz con sal en la época de zafra, pues, en la época muerta, lo que queda es sobrevivir en inanición.  Para monseñor no es verdad, que los niños trabajan en la caña.  Tampoco es cierto que los braceros vivan en barracas sucias, inmundas sin ningún tipo de higiene y cuidados médicos.  Para monseñor no es veraz, que los braceros son engañados en el pesaje y con el vale del “fiao” en la pulpería, ni que lo extorsionan los guardias y agentes de migración.

Para monseñor es difamación que los colonos azucareros hagan fortunas pagando salarios de miserias.  Para monseñor es una falacia, que los braceros cualesquiera que estos sean, son tratados como bestias y que sus vidas no valen nada ante un guardia o mayoral, de los cuales se afirma que los pueden matar por un quítame esta paja sin mayores consecuencias. Para monseñor es mentira lo narrado por Marrero Aristy en Over y por Francisco E Moscoso Puello en Cañas y bueyes.  También para él es una calumnia el testimonio que yo pueda dar, de todas esas miserias, que vieron mis ojos por muchos años.

Aquellas trágicas vivencias me marcaron para siempre.  En esos bateyes vi y sufrí cosas terribles. Tan solo recordarlas me llenan de pánico y dolor. Con esa explotación inmisericorde, sufrían vejaciones de todo tipo, sumándosele además la pobrísima alimentación que tenían, lo infame de sus viviendas, el piso de tierra, la ausencia de letrinas, de agua, chinches por doquier, descalzos, desprotegidos, irrespetados, burlados humillados, considerados no más que bestias, niños y gentes enfermos y famélicos, pisando descalzos ya sea en pura tierra de lodo o polvo y para colmo los “agentes de migración los chantajeaban”, cobrándoles cuotas para que no fueran perseguidos.

Pero también, después que lo despojaban del dinero que habían ganado con tantos sacrificios, le metían la guardia, por lo que tenían que salir despavoridos para salvar sus vidas, dejando atrás sus hijos, los cuales, días después, se les veían vagando, hambrientos y muertos de sed y desarraigados del entorno familiar.  Al final, quedaban como becerros perdidos y traumatizados por el desamparo y la ausencia de sus padres.

Muchos niños de estos, famélicos, a simple vista llenos de lombrices, fueron adoptados por familias dominicanas.  Posteriormente, estas criaturas, ya hombres viejos, con treinta o cuarenta años cortando la caña, en un tiempo, en que el azúcar fue la columna vertebral de nuestra economía, en el día de hoy, a ellos y su descendencia lo queremos arrojar de aquí con un mano adelante y otra atrás, sin reconocerle ningún derecho, al punto que ni siquiera la pensión que le corresponde por haber cortado caña por 40 años se la queremos reconocer.

¡Qué paradoja!, ante estos hechos inocultables, resalta, el que sea precisamente monseñor Nicolás López Rodríguez, un hombre que dice ser  representante de Dios sobre la tierra, quien niegue que exista este régimen salvajemente inhumano de explotación e iniquidades infinitas.

Pero volviendo a los datos, que describen de por sí al monseñor en cuestión sus posturas y pronunciamientos no son para sorprendernos.

Pero también, no puede tener credibilidad la palabra de una persona que pertenece a una institución, que a lo largo de más de 2 mil años se ha sostenido a sangre y fuego y aliada a los poderes que han hecho de  la explotación de la humanidad un modus vivendi.

No es posible darle credibilidad a un hombre que comete el sacrilegio de sostener, que él es un representante de Dios sobre la tierra, y que pertenece a una institución que se  cimenta en doctrinas y dogmas medievales y de hablarle mentiras a los pueblos. En este marco histórico, como para muestra, un botón basta: ¿usted quiere una guayaba más grande, que esa de estarle diciendo a esta nación que la virgen de la Mercedes se apareció en el Santo Cerro para defender a los españoles de los indios, y a la vez sostener esa mentira por tanto tiempo?

Pero además ¿no es este hombre y su iglesia, quienes a lo largo del tiempo han hecho causa común con quienes han explotado y esclavizado al género humano y sumido a las masas en el oscurantismo anticientífico de las supersticiones, los dogmas y doctrinas medievales?

Estoy refiriendo de la misma iglesia que excomulgó a Juan Pablo Duarte, y que años después, fue parte del establishment que derrocó el gobierno constitucional de Juan Bosch.  Cierto, que en esta institución han existido y existen sus excepciones, pero desgraciadamente, el sector dominante ha sido, y aún es, el que su excelencia López Rodríguez milita y lidera, porque son ellos los que han logrado imponerse a través del poder económico y político acumulado, mediante guerras, autoritarismos y barbaries.

Pero también me estoy refiriendo al mismo cardenal, que por no comprender los problemas sociales que engendran la pobreza y la exclusión, pide mano dura, para los pobres que delinquen, en vez de justicia, mas no así, para los potentados que patrocinan su iglesia pero que también delinquen, originando con ello, la condiciones que llevan a los más pobres a saciar su hambre al margen de la ley.

Para este cardenal, si los  dominicanos pobres son chusma, me imagino que también para él, los haitianos y los dominicos haitianos por pobres y otros motivos, ni alma tendrán.  De ahí, su aprobación racistas y xenofóbica, a la sentencia del Tribunal Constitucional, porque esa de justa, no tiene un pelo, tal como asegura “nuestro monseñor.  Esta sentencia, en buen derecho, aparte de ser injusta, es inconstitucional y nula de pleno derecho, pues viola nuestra Carta Magna en lo concerniente a la no retroactividad de la ley; pues como ella misma establece en su artículo seis, son nulos de pleno derecho toda ley, decreto, resolución, reglamento o acto contrarios a esta constitución, y sucede, que la sentencia en cuestión, viola la Constitución, al ignorar la no retroactividad de la ley.

Esta sentencia despoja de su nacionalidad a cuatro generaciones de personas que durante más de 80 años fueron registradas como dominicanos al amparo de la Constitución y las leyes vigentes.  Estas, son personas que han sido declaradas y poseen un acta de nacimiento, y que ahora quedarán en condición de apátridas, a pesar de haber nacido y desarrollado sus vidas sólo en la República Dominicana. Ellos, han obtenido sus cédulas de identidad y electoral, han viajado con su pasaporte dominicano, se han casado y tienen actas de matrimonio, y ahora, de forma tajante, la sentencia 0168/13 del T.C. les está negando su nacionalidad dominicana y además faltando a acuerdos  internacionales vinculantes.

Esta locura de sentencia,  además de violar derechos civiles y derechos  humanos, genera una crisis de identidad, trayendo consigo para los afectados la pérdida de oportunidades para estudiar, trabajar, viajar, casarse, transitar libremente, lo que en conjunto es la génesis de un drama humano apocalíptico.

De estas cosas no sabe discernir el cardenal Nicolás López Rodríguez; su pobre sensibilidad social, no da para tanto, y porque además ha demostrado claramente, que él no es un hombre de Dios,  por lo  que en su avatar, pienso…a él, como a otros, Trujillo también se le “montao”.

En esta situación, ¡oh Dios del cielo, apiádate de nosotros los dominicanos!

EL AUTOR es ingeniero agrónomo, abogado y escritor. Reside en Nueva York.
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Notimundo

Instituto Dominicano De Periodismo (IDP)

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