Campesinos peruanos resisten en la pobreza contra narcos y guerrilla

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Escrito por: Juan CASTRO OLIVERA

 SAN MARTïN DE PANGOA, Perú, 21 Set 2013 (AFP) – Campesinos pobres y comunidades indígenas se quejan de la escasa ayuda del Estado peruano a los «comités de autodefensa» encargados de resistir el ingreso del narcotráfico y la guerrilla de Sendero Luminoso en una región cocalera de la selva central del país.

Han llegado por miles desde distintos poblados de la zona hasta la plaza de San Martín de Pagoa (centro de Perú), donde durante tres días se les ofrece asistencia médica y reciben algunos materiales de trabajo y unas pocas escopetas, pero lamentan que el apoyo estatal sea demasiado escaso y esporádico.   «No nos dan nada. Si vienen los guerrilleros, tenemos que defendernos a puñetazos. No tenemos municiones para disparar», dijo a la AFP Tomás Santos, un campesino de la comunidad indígena nomatsiguenga, en San Antonio de Sonomoro.

Una delegación del Estado Mayor Conjunto peruano, funcionarios y organizaciones no gubernamentales llegaron desde Lima, y la ciudad organizó un desfile cívico-militar para darle la bienvenida.   Decenas de grupos de comités de autodefensa marchan como si fueran militares y reciben el reconocimiento de pobladores y autoridades.   Los asháninkas, una comunidad indígena de la selva, se han vestido con sus trajes típicos, llevan una corona pintada, y algunos desfilan con nuevas escopetas al hombro, que acaban de recibir.

«Nuestra zona está tranquila y bien custodiada. Nos dedicamos a trabajar en plantaciones de yuca y plátano», dijo a la AFP Francisco Intimari, uno de los asháninkas, que no recibió una de las escasas armas que se entregaron pero que lleva flechas y lanzas colgando a la espalda.

«Las comunidades nativas reciben mayor atención y ayuda», se quejan otros pobladores, algunos de los cuales han llegado hasta San Martín de Pagoa caminando horas, con la esperanza de obtener comida y asistencia.   «Aquí no venían desde hacía años. Y no nos han dado ni algo de comer», se lamenta José Aquino, un hombre en sus 60 años, que organiza los comités de autodefensa en Mazamari.   Y cuenta que en su región en el Valle Chiriari son «42 bases y un total de 4.000 ronderos. En cada base hay dos o tres armas. Las últimas las recibimos hace 20 años, en 1993».   «Necesitamos una movilidad porque hay mucha distancia que recorrer», remarca.

Cultivos de coca  Perú es hoy, según la ONU, el primer productor mundial de hoja de coca, materia prima para la pasta base de cocaína.   Según los programas gubernamentales, campesinos de esta región de la selva central peruana deben reemplazar los cultivos de coca que venden a narcotraficantes por otros como cacao y café. Este último sufrió en 2013 la plaga de la roya amarilla, que dañó las plantaciones.

«Perdimos todas las plantas de café, y las naranjas también se enfermaron. No hay nada para vender. Hay mucha pobreza», dijo a la AFP Julia Villalba, de San Antonio de Sonomoro.   «La pobreza arrastra a los campesinos a plantar coca para sobrevivir, otros productos no tienen demanda aqui», admiten funcionarios del municipio.   El jefe de todos los comités de autodefensas subió a un podio y agradeció la visita de representantes del Estado a esta apartada zona del país.

«Estamos comprometidos con el pueblo para seguir luchando para exterminar a nuestro enemigo común, el terrorismo y el narcotráfico, pero no tenemos suficiente apoyo», se quejó Isaac León Chericente, presidente de los comités de autodefensa en la región.   «Necesitamos un presupuesto para los comités de autodefensa», reclamó.

Una inmensa carpa-hospital fue instalada por los militares sobre una calle donde durante tres días se atendían consultas médicas.

Los pobladores de la selva hacen largas filas para recibir atención en improvisadas salas de Ecografía, Gastroenterología, Pediatría y hasta Peluquería. En otro sector funcionaba un consultorio jurídico para atender reclamos de víctimas del terrorismo en la región.   Despliegue militar en el Vraem    «Hay soldados peruanos combatiendo contra peruanos en suelo peruano», lamentó el mayor general de la Fuerza Aérea José Miguel Davis Molina, que coordina los operativos multisectoriales de ayuda en el Estado Mayor Conjunto.

El Ejército dedica el mayor esfuerzo militar en esta región conocida como VRAEM, que agrupa los valles cocaleros de los ríos Apurímac, Mantaro y Ene, donde se concentra la mayor incidencia de narcotráfico y guerrilla.   «Si tenemos problemas de terrorismo y narcotráfico no podemos ser indolentes y tomar una política de dejar pasar», pidió Davis Molina a los miles de pobladores que asistían al acto.

En la actualidad «hay 248 comités de autodefensa constituídos en toda la región. Para formarse necesitan un mínimo de 30 miembros», dijo a la AFP el mayor del Ejército Mirko Vidal, que lleva adelante incursiones militares en toda la zona del VRAEM.   Las limitaciones de presupuesto impiden dar una mejor respuesta social en la región, señalan jefes militares, que convocaron a otros organismos estatales e instituciones privadas a sumarse a un esfuerzo compartido.

El VRAEM es un extenso valle cocalero que se extiende desde la selva sudeste hasta la selva central, donde se refugian columnas sobrevivientes de Sendero Luminoso, luego de la captura en 1992 de su fundador, Abimael Guzmán, condenado a prisión perpetua.   Los últimos líderes del mando militar de Sendero Luminoso fueron muertos en agosto en un operativo militar en la región.   El gobierno de Ollanta Humala prometió capturar antes de finalizar su mandato en 2016 a los hermanos Quispe Palomino, cabecillas de la organización guerrillera que actúan en esa zona vinculados al narcotráfico.

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Instituto Dominicano De Periodismo (IDP)

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