El 30% de los pitchers de Grandes Ligas han pasado por la cirugía Tommy John

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SANTO DOMINGO. Los Bravos tuvieron que agregar US$14 millones a su nómina a última hora para agregar un brazo a su rotación, por la pérdida de Kris Medlen; los Mets no tendrán en Matt Harvey a una de las pocas figuras que justifiquen las boletas en el Citi Field; y el prospecto sancristobalense Arodys Vizcaíno no termina de recuperarse, dos años después de pasar por el quirófano.

El común denominador de estos tres escenarios es la cirugía Tommy John, la operación que reconstruye el ligamento colateral de un codo afectado, en base a un injerto del tendón del brazo, antebrazo, muslo, cadera o rodilla que el paciente tiene sano.

El procedimiento médico que se realizó por vez primera con John en 1974 por el doctor Frank Jobe (que murió el pasado día seis), ha permitido que el 87% de los lanzadores que se han sometido a ella eviten el fin de sus carreras, de acuerdo con un estudio dado a conocer este mes por la Academia Americana de Cirujanos Ortopedas (AAOS en inglés).

Mariano Rivera, dueño de los récords de salvados en serie regular y postemporada, es el principal ejemplo que inspira a los jugadores que tienen como opción someterse al proceso. John Smoltz podría convertirse en diciembre en el primer pitcher en ser seleccionado para Cooperstown que haya apelado a esta extirpación.

¿Qué tan común es hoy?

Los casos recientes han activado alarmas, y no es para menos. Pero el periódico New York Times reveló esta semana que el 30% de los lanzadores que tiró en 2013 en el Big Show pasó por el procedimiento que tiene en el doctor James Andrews y sus clínicas en Birmingham (Alabama) y Pensacola (Florida) como referentes.

De los 360 lanzadores al Día Inaugural 2013, un total de 124 sintió el bisturí de Andrews en sus brazos.

Pero, si bien este avance médico ha recuperado carreras, la mayoría de los casos no han logrado, ni la fuerza ni el rendimiento que tenían previo a su paso por el quirófano, según la AAOS, que evaluó 168 casos de pitchers de las Grandes Ligas operados.

Además de perder dos millas en sus lanzamientos, la efectividad pasó de 4.15 tres años antes de la operación a 4.74, las transferencias y hits permitidos por entradas se elevó de 1.4 a 1.48 y el porcentaje de victorias cayó de 45% a 42%.

El proceso, que cuesta US$21,500, toma una hora realizarlo, y un año de rehabilitación. Francisco Liriano es uno de los mejores ejemplos de recuperación entre los criollos, pero ni Mario Soto, ni José Rijo fueron los mismos. Rijo ha sido el lanzador que más veces ha apelado a la práctica, con cinco intervenciones.

A Neftalí Féliz, cuyos lanzamientos intimidaban hasta 2012, le ha costado subir de las 92 millas en los entrenamientos.

Jugadores de posición como Rafael Furcal, y más recientemente, Miguel Ángel Sanó, también han necesitado esta cirugía.

La carga de trabajo es la causa

«Sobreuso», sobre todo en las categorías menores, era la principal razón a la que Jobe atribuía el incremento de la cirugía. Y Jobe encuentra un apoyo casi unánime entre sus colegas. Es un problema que puede comenzar a desarrollarse cuando el jugador tiene 14 años, y una vez llega a la adultez su tendón puede estar deteriorado. A pesar que el número de lanzamientos ha disminuido en los últimos 40 años con el mayor uso de relevistas, Andrews cree que es por el poco descanso que tienen, y recomienda a los pitchers pasarse entre dos o tres meses sin lanzar. 

 

 

 

 

 

 

Publicado por Juan Jose Ureña Breton

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Notimundo

Instituto Dominicano De Periodismo (IDP)

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