Los sangrientos orígenes de la “limpieza” étnica de haitianos de República Dominicana

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REDACCIÓN.-A continuación la versión de Iván Pérez Carrión, en traducción libre, de un un reportaje del periódico The Washington Post, de Estados Unidos, firmado por  Abby Phillip:

Hay una línea artificial que divide la isla de La Española en dos. De un lado está Haití, y del otro, la República Dominicana.

Hubo un momento en que la división entre los dos países estuvo trazada con sangre; la “masacre del perejil” de 1937 es ampliamente considerada como un punto de inflexión en las relaciones haitiano-dominicanas. La masacre llevada a cabo por el dictador dominicano Rafael Trujillo se centró en los haitianos y en los dominicanos lo suficientemente oscuros para parecer haitianos, o cuya imposibilidad de rodar la “r” en la palabra “perejil” los delataba.

El río Dajabón, que sirve como la parte más al norte de la frontera internacional entre ambos países, “creció a nuevas alturas solo por la sangre”, escribió la autora haitiano-estadounidense Edwidge Danticat.

“La masacre de haitianos cimentó a los haitianos como extraños subversivos incompatibles con lo que significa ser dominicano”, según Frontera de Luces, una organización que conmemoró el 75 aniversario de la masacre en 2012.

Hoy en día, las cosas están tan tensas en la isla como lo han sido en años. En cuestión de días, se espera que el gobierno dominicano reúna a los haitianos ‒o en realidad, a cualquiera lo suficientemente negro para ser haitiano‒ y los envíe a la frontera por donde, probablemente, serán expulsados.

Prensa Asociada informó el martes que el jefe de la agencia de Inmigración de la República Dominicana, el general del ejército Rubén Paulino, dijo que su organismo comenzará a patrullar el jueves los barrios que tienen un gran número de inmigrantes.

“Si no están registrados, serán repatriados”, dijo Paulino, según la AP.

Como señaló la agencia de prensa:

“Sus declaraciones parecían contradecir una declaración del ministro del Interior, Ramón Fadul, quien había dicho que no habría deportaciones masivas ni barridas cuando el plazo de inscripción expire la noche del miércoles.

“Paulino, sin embargo, dijo que su agencia tiene 12 autobuses, siete camionetas y dos ambulancias listas para las patrullas de migración y que los agentes y soldados han recibido entrenamiento adicional en materia de derechos humanos en la preparación de las operaciones de deportación.

El Gobierno lo ha descrito en términos escalofriantes que recuerdan el Holocausto, como una “limpieza” de las listas de inmigración del país.

Cassandre Teano, un funcionario jurídico de Open Society Foundations con sede en Nueva York, dijo que las comparaciones entre las acciones del gobierno dominicano y la desnacionalización de judíos en la Alemania nazi están justificadas.

“Lo hemos llamado así porque definitivamente existen vínculos”, dijo Theano a The Washington Post esta semana. “Usted no querría mirar atrás dentro de un par de años y decir: ‘Esto es lo que estaba pasando y no lo advertí’”.

En otras palabras, 78 años más tarde, estos son los frutos de la sangrienta campaña de Trujillo para sembrar el sentimiento antihaitiano en la República Dominicana. 

Inmigrantes haitianos (derecha) acogiéndose al Plan de Regularización del gobierno dominicano. /Carmen Suárez/Acento.com.do

Inmigrantes haitianos (derecha) acogiéndose al Plan de Regularización del gobierno dominicano. /Carmen Suárez/Acento.com.do

“La raíz del problema es la discriminación; es realmente una discriminación de larga data con los de ascendencia haitiana”, dijo Marselha Goncalves Margerin, directora de Incidencia Política para las Américas en Amnistía Internacional. “República Dominicana no ha sido capaz de establecer una sólida política para combatirlo”.

También tiene sus raíces en la historia estadounidense menos conocida, señaló Danticat, la autora hatiano-estadounidense en una entrevista el año pasado:

“Una cosa que no se menciona tan a menudo es que a principios del siglo XX (desde 1915 hasta 1934 para Haití, y de 1916 a 1924 para la República Dominicana), toda la isla fue ocupada por Estados Unidos. Por otra parte, en R.D. en la década de 1960, Trujillo ‒que no sólo organizó una masacre, sino que acabó con varias generaciones de familias dominicanas‒- fue entrenado durante la ocupación por los marines y puesto en el poder cuando estos se retiraron. Lo mismo es válido para el ejército haitiano que aterrorizó a los haitianos durante generaciones. No es una cuestión la culpa, sino un asunto de interés histórico”.

La discriminación comienza con la vieja práctica de no reconocer como dominicanos a las personas de ascendencia haitiana nacidas en República Dominicana. Estos están agrupados en un segundo grupo: los inmigrantes haitianos que llegaron al país ‒a veces traídos por la fuerza‒ para trabajar en los campos de caña de azúcar.

Más tarde, en 2013, el Tribunal Constitucional del país dictaminó que los nacidos en la República Dominicana ya no serían considerados ciudadanos automáticamente. La regla, según decidió el tribunal, sería aplicada retroactivamente a toda persona nacida después de 1929.

El cambio afecta mayoritariamente a los haitianos y a las personas de ascendencia haitiana. Y su impacto se remonta a varias generaciones.

En realidad, dijo Teano, la “limpieza” del registro de extranjeros dominicano para erradicar el fraude y a los no ciudadanos implica la identificación de los nombres que “suenan” haitianos, y obliga entonces a los migrantes haitianos y dominicanos de ascendencia haitiana a demostrar que son ciudadanos.

La fecha límite para la obtención de los documentos necesarios para probar la ciudadanía si usted nació en la República Dominicana caducó en febrero. Y el miércoles, también expira la fecha límite para que los migrantes “regularicen” su estatus.

Lo que pasará el jueves nadie lo sabe.

“A la gente le preocupa que ellos se enfoquen indiscriminadamente en las personas de piel más oscura, dominicanos negros, los haitiano-dominicanos e inmigrantes haitianos”, dijo Teano. “No hay ninguna ciencia detrás de cómo eligen a las personas”.

“Literalmente, te miran y deciden si encajas en el perfil o no”.

La larga fila contra el tiempo, intentando quedar dentro del Plan de Regularización. /Carmen Suárez/Acento.com.do

La larga fila contra el tiempo, intentando quedar dentro del Plan de Regularización. /Carmen Suárez/Acento.com.do

El gobierno dominicano ha creado un laberinto de reglas y procesos en los últimos 18 meses para decidir quién se va a quedar y quién se va.

La compleja red de normas, los largos periodos de espera y, ahora, las largas colas han hecho que unos 200,000 dominicanos de ascendencia haitiana, en esencia, se hayan quedado sin un estatus determinado.

Los observadores de derechos humanos dicen que incluso si el gobierno dominicano deporta a inmigrantes indocumentados, la acción debe llevarse a cabo de forma individual y no se puede hacer en forma masiva. Si eso ocurrirá o no el jueves sigue siendo una incógnita.

Las deportaciones masivas también aumentarían la probabilidad de que dominicanos de ascendencia haitiana pudieran ser barridos por esa misma ola.

“Creo que esa es la estrategia del Gobierno a lo largo de todo este proceso”, dijo Teano. “Ellos se están refiriendo constantemente a esto como un asunto de inmigración, cuando los haitianos dominicanos no son inmigrantes. Es una estrategia para confundir a la gente”.

Por ahora, los grupos de derechos humanos están siguiendo informes de que el Gobierno ha arrendado autobuses, una señal de que tienen la intención de llevar a cabo expulsiones y deportaciones en masa. El Gobierno también ha contratado a cerca de 150 trabajadores para inspeccionar los trabajos de los enviados a la frontera y han retenido unos 2,000 efectivos militares, dijo Teano.

Las personas afectadas por las medidas del Gobierno ‒los que quedan en un estado de apatridia‒ no tienen hogar en ninguno de los dos lados de la isla. No tener una tarjeta de identificación, una cédula, para probar su ciudadanía o su situación legal en el país, hace que la vida sea casi imposible en República Dominicana.

“Ni siquiera se puede comprar un teléfono móvil sin una cédula”, señaló Margerin.

Y para la gente como Liliana Nuel, una mujer dominicana de 21 años de edad que ha vivido en el país toda su vida y ha dado a luz a tres niños allí, regresar a Haití sencillamente no es una opción.

“Nunca he estado en Haití”, dijo Nuel a Amnistía Internacional. “Si mañana me mandan para allá no sabré qué hacer o dónde ir. Me temo que un día me van a enviar allí, sin mis hijos”.

Abby Phillip es reportera nacional general para el Washington Post. phillip@washpost.com. En Twitter, @abbydphillip

Fuente: The Washington Post

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