Presidente, ordene se cumpla 80-20

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Vinicio A. Castillo Semán
@Viniciodiputado

El presidente Danilo Medina planteó en esta semana la necesidad de mejorar el salario en la República Dominicana y de luchar contra las carencias y desigualdades sociales. La posición del presidente Medina debe convocar a la sociedad dominicana a una profunda refl exión acerca de cuáles son los ejes fundamentales que han empujado, y empujan hoy, a que el dominicano tenga salarios bajos, en muchos casos de miseria, y que a pesar del crecimiento macroeconómico en la última década no haya mejorado en ninguno de los índices de desarrollo humano de su población.

La inmigración ilegal de cientos de miles de haitianos hacia la República Dominicana que más que fenómeno migratorio es una invasión, o, como le llamó el Informe de la OEA, “desplazamiento de poblaciones enteras” desde Haití a la República Dominicana, está en la base de la depreciación del salario en la República Dominicana y de que su población pobre no haya podido benefi ciarse de mejoría en sus índices de desarrollo.

La inmigración ilegal haitiana, que inició hace décadas focalizada en los ingenios y el corte de la caña, se expandió a todos los sectores productivos de la nación y de la construcción, desplazando vertiginosamente la mano de obra dominicana. En la base de ese desplazamiento estuvo y está el interés de los patronos y sectores productivos de abaratar los costos de la mano de obra, prefi riendo la ilegal por la dominicana, lo que ha tenido, además, una consecuencia directa en la falta de modernización y mecanización efi ciente en la producción nacional a nivel agrícola.

Es esa falta de mecanización y de avances tecnológicos la que ha provocado falta de competitividad de nuestro sector productivo agrícola.

En el campo de la construcción, el Estado dominicano ha sido por décadas (y hoy no es la excepción) el principal promotor y fi nanciador de obras públicas en todo el país, generando miles y miles de empleos que pudieran ser mano de obra dominicana y que, sin embargo, van directamente a mano de obra extranjera, en su mayor parte ilegal.

Si el presidente Danilo Medina está interesado en que se mejore el salario del trabajador en la República Dominicana y que éste tenga acceso a un trabajo digno, debe de iniciar dando el ejemplo ordenando que en la construcción de todas las obras del Estado se cumplan las disposiciones del Código Laboral, que establece el 80% para mano de obra dominicana y el 20% mano de obra extranjera debidamente regulada.

Lo que en mi condición de legislador sometí como proyecto de ley en días pasados, para obligar a que los funcionarios públicos y las dependencias del Estado no paguen cubicaciones a empresas contratistas de obras del Estado que estén en violación del 80-20, lo puede hacer perfectamente el presidente Medina con un decreto presidencial.

¿Por qué no lo hace? Un paso vigoroso del Estado dando el ejemplo con sus propias obras puede impulsar un estricto cumplimiento de la ley de migración, exigiendo igualmente al sector privado el cumplimiento de la ley. Pasos como el que sugiero indicarían a la sociedad que existe una voluntad política desde el poder presidencial, con una intención real de atacar el problema en su raíz y no un discurso mediático de un Presidente en campaña reeleccionista.

El Presidente habló de combatir las carencias de la población. ¿Puede la población dominicana pobre aspirar a que va a mejorar la atención médica en hospitales públicos, cuando el Estado dominicano está gastando 5,800 millones de pesos anuales para atender ilegales haitianos? ¿Pueden las madres dominicanas aspirar a que se le va a dar un efi – ciente servicio en las maternidades con más de un 40% de las camas ocupadas por parturientas haitianas que vienen a parir en RD y alegar inmediatamente después (junto a su gobierno) que han dado a luz ciudadanos dominicanos? Ni en salud, ni en educación, ni en salario, ni el nivel de pobreza, ni en ninguno de los índices de desarrollo humano podrá avanzar la República Dominicana, mientras no se controle y revierta la invasión masiva de haitianos sobre la República Dominicana. Somos un país pobre, con recursos limitados para atender y dar respuesta a millones de pobres dominicanos que en gran modo dependen en su suerte de los servicios públicos que le pueda dar nuestro Estado.

Si por el contrario los recursos de que disponemos para el desarrollo de nuestra gente los empleamos en cargar con el drama de la pobreza haitiana desplazada hacia RD, a través de una invasión pacífi ca incontrolada, nos hundiremos como país, junto con ellos, incluyendo el daño irreversible al medio ambiente, similar al que ellos han llevado a cabo devastando su territorio.

El presidente Danilo Medina, que habla de salario y de carencias sociales, sabe perfectamente la profundidad del problema que he puesto en este artículo.

A pesar de ello, hoy lunes 10 de agosto, no ha iniciado repatriaciones de ilegales, suspendidas ilegalmente desde hace más de 20 meses; y a pesar de que sus gobernadores fronterizos han dado la voz de alarma de que se ha reiniciado la invasión haitiana, esta es la hora que mantiene la frontera abierta y no ha dado la orden a las fuerzas armadas en tomar medidas especiales para contener la referida invasión.

El país tiene que tomar conciencia de que no va a haber mejoría de salario ni lucha real contra las carencias si no se frena la inmigración ilegal haitiana. De la lucha que libre el pueblo para exigirle a sus gobiernos frenar esa invasión, dependerá en gran modo su futuro y que pueda mejorar en los índices de desarrollo humano de su población.

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Notimundo

Instituto Dominicano De Periodismo (IDP)