Silvia Espinal jugó, entrenó, y ahora ama el bioanálisis

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SANTO DOMINGO. A los 21 años de edad, Silvia Espinal descubrió a través de una invitación de las jugadoras Guadalupe Ruiz y Aura Desangles, que tenía madera para jugar baloncesto, y así comenzó una carrera que la llenó de logros.

Gracias a su entrega por el baloncesto, alcanzó su exaltación al Salón de la Fama del Deporte Dominicano en el 2001.

Espinal con 6 pies y 3 pulgadas jugaba la posición de centro, ya que su altura era suficiente para dominar.

Nació en Nisibón, Higüey, y emigró a la Capital con un cuarto curso de la primaria.

Cuando llegó a entrenar por primera vez encontró a Mayobanex Mueses y Máximo Bernard, a este último Silvia lo define como más que su entrenador, una persona que ayudó mucho a la formación de la mayoría de jugadoras de esa generación.

Logró terminar el bachillerato e ingresó a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde jugó con el equipo femenino de dicha casa de estudios y tiempo después paso a las Águilas de Guachupita. Representó al país en diferentes ocasiones, teniendo buenas actuaciones en la mayoría de eventos donde vio acción.

En el año 1990 decidió dedicarse a la dirigencia, llevando a las Águilas a la corona. También militó con el club San Carlos.

En 1994 viajó a Cuba con el equipo de la UASD, donde logró la medalla de oro en el torneo Mambises de dicha ciudad.

Don Máximo siempre nos decía, que no valía la pena que nos mantuviéramos juntas en el equipo y que jugáramos por tanto tiempo, si no íbamos a mantener una amistad.

«Él quería que no solamente la armonía fuera en el equipo, sino que también fomentáramos una amistad, y realmente ha sido así, nosotras los hemos mantenido», dice Silvia.

Confiesa que este deporte contribuyó a la mujer que es hoy en día, una profesional que puede vivir plenamente y que llegó a su vida para definirla.

En su vida después del retiro, es graduada de bioanálisis, tiempo después comenzó a trabajar en su profesión, donde cada día ama más lo que hace. Se declara creyente y está segura de que Dios existe, ya que en el momento que ha necesitado de él siempre le ha respondido.

 

 

 

 

Publicado por Juan Jose Ureña Breton

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Notimundo

Instituto Dominicano De Periodismo (IDP)

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