Especialidad de enfermería obstétrica y neonatal está transformando la salud materna en Rep. Dom.

«Recuerdo como si fuera ayer el día que tuve la dicha de asistir un parto yo solita. El personal médico tuvo que salir y no había nadie más. Me quedé tranquila acompañando a la mamá, hice la función de obstetra, pero también asumí la de neonatología para recibir a mi bebé. Estábamos nosotras dos solitas, tranquilas… ella pujaba al ritmo que su propio cuerpo se lo pedía. Fue un proceso hermoso, no hubo desgarro, el bebé nació en perfecto estado, con apego precoz de verdad, de una vez y con la lactancia instaurada desde el primer minuto de vida. En mis seis años de formación y ejercicio profesional, esta ha sido mi mayor recompensa».

Las palabras de la licenciada Marían Linares vibran con una emoción que el tiempo no logra apagar. Su relato, surgido desde las entrañas del Hospital de Engombe, es el espejo de una revolución silenciosa que recorre la salud materno-neonatal en la República Dominicana. En ese mismo pasillo, la licenciada Albani Beltré recuerda el peso del miedo que conlleva el sentido de gran responsabilidad al recibir en su turno a una gestante sumida en la resistencia: «Llegó con una actitud muy negativa; repetía con desesperación que no iba a poder, que era incapaz de parir. Me acerqué, le ofrecí consejería, le enseñé a dominar la respiración y la guié en los ejercicios. Su postura cambió por completo. La labor de parto se aceleró y, tras dar a luz, su mirada se transformó en un gesto de profunda gratitud».

Esta misma entrega no se detiene al cortar el cordón umbilical; se prolonga con el mismo rigor científico durante el vulnerable proceso posterior al parto. En las consultas de seguimiento del puerperio, la licenciada Yenifer Salvador descubrió que su misión iba mucho más allá de la evaluación física: «Atendí a una madre a la que le habíamos asistido el parto. Al preguntarle cómo marchaba todo en casa y cómo iba la lactancia, rompió a llorar, confesando un miedo profundo y una tristeza absoluta. Identifiqué de inmediato las señales de una depresión postparto y la canalicé de urgencia al servicio de psicología. Tiempo después regresó a mi consulta y, al verme, me abrazó con un “gracias” que me llenó de satisfacción: ‘Ya estoy mejor, mi bebé come bien y por fin he vuelto a dormir’».

Quien ha cruzado las puertas de una maternidad a mitad de la noche sabe que el temor tiene su propia acústica: una combinación entre el pitido gélido de los monitores y la respiración entrecortada de una mujer a punto de dar a luz. Históricamente, ese instante crucial dependía casi por completo de la entrega incondicional y el instinto del personal de enfermería. Hoy, el panorama es distinto gracias a que desde hace cinco años existe en el país la Especialidad de Enfermería en Salud Materno Neonatal.

Este programa académico formal inició sus pasos y consolidó su modelo de formación en el Hospital Universitario Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia (HUMNSA), en el marco del proyecto "Modelo de gestión para la reducción de la mortalidad materna y neonatal", que desde 2015 ejecutan el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) con el apoyo estratégico y financiero de la Fundación Popular, junto a otros organismos de cooperación, en coordinación con el Ministerio de Salud Pública (MISPAS) y el Servicio Nacional de Salud (SNS) y en alianza con la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), integrando además la experiencia académica y científica de la Universidad de Chile para el diseño de la currícula y el rigor de la formación. Para las profesionales de la salud que vivieron esta transformación en las aulas y las salas de parto de las maternidades, el impacto fue inmediato y profundo.

«Tenemos una gran responsabilidad que pesa sobre nuestros hombros y estamos comprometidas con nuestro país, esas madres nos están esperando para tener un parto humanizado con calidad y calidez» expresaba Dorca Nuñez con un gran orgullo profesional el día de su graduación. Esta visión científica y humanizada es compartida por todas sus compañeras como así lo expresó también Flor Dalisa Mesa instantes después de recibir su diploma y que hoy en día trabaja en el hospital municipal Barcequillo: «Mi compromiso en esta nueva área de mi profesión es dar una atención de calidad y calidez a la madre y al recién nacido».

La creación del “Programa de Especialización en Salud Materno Neonatal de Bajo Riesgo y Planificación Familiar” les ha otorgado el empoderamiento y las herramientas para liderar de manera autónoma los partos de bajo riesgo, permitiéndoles identificar a tiempo las complicaciones y actuar con la precisión necesaria. Esta evolución académica se traduce en autonomía clínica y en la capacidad de salvar vidas en el momento oportuno, formando profesionales cuyo rol va más allá de vigilar una máquina, se trata de cuidar dos vidas con absoluto respeto y empatía.

El camino institucional hacia la especialización

Estas historias con rostro humano son el fruto de una rigurosa estrategia y de una sinergia histórica entre la academia, el Estado,  la cooperación internacional y el sector privado:

El origen (2015): la semilla se plantó en 2015 en el marco del "Modelo de Gestión para la Reducción de la Morbilidad y Mortalidad Materna y Neonatal", un proyecto impulsado por el UNFPA y la Fundación Popular en alianza con el Ministerio de Salud Pública (MSP) y el Servicio Nacional de Salud (SNS) en el Hospital Universitario Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia (HUMNSA). Contó con el apoyo de la Universidad de Chile, socio del UNFPA. Para 2025, el cumplimiento estricto de los protocolos demostró su eficacia al reducir las muertes maternas en el HUMNSA en un 59%.

Octubre 2020: MESCYT formalizó la especialidad en la UASD con becas y codiseño curricular de la Universidad de Chile.

Febrero 2021 – Diciembre 2022: se formó en la UASD y se graduó la Primera Cohorte (22 profesionales)

Febrero 2023 – Junio 2024: se graduó la Segunda Cohorte (32 nuevas especialistas), sumando 53 profesionales especializadas y desplegadas por SNS en diferentes hospitales.

Noviembre 2024: inició la docencia de la Tercera Cohorte (34 estudiantes) para expansión geográfica.

Un hito histórico para la salud de las mujeres

Para profesionales como la licenciada Alberlis Cruz —quien recalca que la aplicación de las mejores técnicas en el puerperio es la clave para una lactancia materna exitosa—, este trayecto ha restituido la dignidad que su profesión siempre mereció. Es un legado del cual la ciudadanía ya da testimonio; gestantes como Crismailyn Tavarez, quien viajaba largas distancias para llegar al HUMNSA, buscando esta atención diferenciada, aseguran de forma categórica: «Confío plenamente en que todo saldrá bien gracias a la atención que recibo aquí».

Este 28 de mayo, en el marco del Día de Acción por la Salud de la Mujer, este esfuerzo colectivo alcanza su madurez institucional con el lanzamiento oficial de la Asociación Dominicana de Enfermería Obstétrica Neonatal y Salud Sexual y Reproductiva (ADENOSSER).

Lo que comenzó años atrás como una estrategia de gestión hospitalaria respaldada por el Ministerio de Salud Pública y el Servicio Nacional de Salud, es hoy la primera asociación científica de su tipo en la República Dominicana: una comunidad unida de profesionales de uniforme rojo que, con la ciencia en la cabeza y la empatía en las manos, garantizan el derecho de la población dominicana a un nacimiento digno y  seguro, contribuyendo significativamente a la reducción de la mortalidad materna y neonatal en el país. «Es nuestra meta introducirnos como  enfermeras obstétricas en esta sociedad que no nos conoce, pero sabemos que nos necesita», afirma con confianza la licenciada Escarly Teresa Díaz, hoy enfermera obstétrica del hospital Juan XXIII en Santiago.

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